Crítica

(sobre "Numen divino")

 

De Daniel Angel Sánchez Ibáñez (poeta y rapsoda)

De Ana Lorenzo (crítica literaria)

De Miguel Avila Cabezas (profesor de literatura)

De Antonio Pérez Henares (periodista y escritor)

De Gonzalo Prados Muñoz (sociólogo)

De Félix Paredes Montealegre (pedagogo)

Breves reseñas o comentarios recibidos

 



DANIEL ANGEL SANCHEZ IBAÑEZ

(Poeta y rapsoda)

Señor Lemurmulcíber :


El motivo de la presente es hacerle partícipe de mis modestas y humildes impresiones, sobre su obra “Numen divino”.

Dios me libre de llamarle “crítica” a estas líneas que están a punto de acontecer, ya que no me considero crítico literario en modo alguno (aunque me gustaría serlo). Así que como lector y también como colega suyo (también soy escritor o, mejor dicho, pretendo serlo…), paso a explicarme:

Numen divino es un libro sorprendente y, por momentos, desconcertante. No me cabe la menor duda de que nunca había leído nada igual hasta ahora. Como le he dicho anteriormente, no soy crítico literario, por lo que tanto los comentarios en sí, como su cronología, pueden resultarle un tanto anárquicos. Sigo…

Numen divino tiene un lenguaje culto, muy cuidado y con buen gusto; eso salta a la vista desde las primeras líneas. A veces creo que abusa usted de ese dominio abrumador sobre el lenguaje y lo convierte en algo espeso, menos comprensible, pero aún así, lo prefiero, frente al lenguaje simplón y vulgar de más de un “best-seller”.


La historia en sí es interesante. Fíjese si me lo parece, que me “enganchó” su lectura, desde las primeras páginas. Y es raro que eso ocurra, tratándose (según mi parecer) más de un ensayo que de una novela. A mí los ensayos me aburren, no consigo entrar en ellos; pero el Numen no, ya digo, captó mi interés desde el primer momento y no decayó ese interés hasta el final.

La estructura de la obra es quizá una de las características (si no la que más) a destacar, debido a su gran complejidad y a los variados cambios de tercio (valga el símil taurino). Es cierto que en más de una ocasión  he perdido el hilo de la historia y me he preguntado “¿esto, a qué viene?” o “¿por donde voy?”, pero también es verdad que rápidamente usted me ha mostrado de nuevo la “línea” a seguir, para encontrarme de nuevo con la historia.

Volviendo de nuevo al argumento del libro, hay dos partes o momentos que no me “cuadran”: el (para mí) extenso relato de la representación teatral y el empeño casi obsesivo de llegar a la gran ciudad ¿…..?. Lo único que me han transmitido estos dos pasajes (que no he llegado a comprender del todo), es que usted ha manejado a su antojo, en cada momento, a los personajes. Tengo que decir, que con acierto, pero también con cierto abuso de poder por su parte. Por si no ha caído en ello, amigo Lemurmul, le recuerdo que usted mismo es un personaje de creación ajena y que si no modera en parte su  estilo y conducta literarios, su creador (a quien conozco) puede tomar cartas en el asunto en su próximo libro que, dicho sea de paso, espero y deseo vea la luz pronto.

Al hilo de lo anterior, querido Poeta, ¿Por qué no escribe usted algo más sencillo (que no quiere decir simple) la próxima vez? Perdóneme el atrevimiento de esta sugerencia, pero ya ve que estoy tratando de ser sincero en todo momento.


En cualquier caso, escriba lo que escriba, le aseguro que pienso leerlo, porque aunque el Numen no es mi tipo de lectura habitual (prefiero la novelas de intriga y misterio,  con el clásico “planteamiento, nudo y desenlace”) también le digo que es un libro que, al igual que otros clásicos o menos clásicos, hay que leer. Sí, mi querido colega, ese podría ser mi comentario resumen: Numen divino es un libro que hay que leer siempre… Porque, como decía al principio:  “No me cabe la menor duda de que nunca había leído nada igual hasta ahora” y, estará usted de acuerdo conmigo en que hay que leer de todo.


Con admiración y respeto,

Daniel Ángel Sánchez Ibáñez
(Dani)


RESEÑA DE DANIEL ÁNGEL SÁNCHEZ

publicada en 20.MINUTOS.ES

Numen divino, de Luis Miguel Díaz, es un libro sorprendente, original, donde la narrativa tiene un idilio literario con el verso y la prosa poética, de principio a fin. Su autor hace gala de un lenguaje culto, muy cuidado y con buen gusto. Es un libro cuyo argumento rivaliza en todas sus páginas con su estructura literaria, con una carga emocional por momentos intensa, aderezada con brotes de un fino humor, momentos de ternura y sutiles pinceladas de nostalgia y amor. Recomiendo su lectura, a quien quiera salir por una vez de los tópicos y típicos "Best-sellers".




MIGUEL AVILA CABEZAS

(Profesor de literatura en el INSTITUTO ESPAÑOL JUAN RAMON JIMENEZ de Casablanca)

Miguel Avila es la voz autorizada que aconsejó al editor sacar a la luz este "Numen Divino". Las siguientes palabras fueron escritas expresamente para el acto de presentación que se celebró en LA CASA DEL LIBRO, Madrid, el día 24 de Abril de 2.007, durante el cual se procedió a su lectura.

PALABRAS PARA LUIS MIGUEL DIAZ

El de escribir es, entre otros, un noble oficio. Y valiente. Y honesto también. El verdadero escritor (sí, ese que realiza su callada labor en "la soledad de su gabinete", como diría el poeta, sin plegarse nunca a los envites de la soberbia ni tampoco someterse a los cantos corales de cofradías putrefactas), el escritor de sangre limpia, cuando se apresta a la dura tarea de soltar lastre para que la nave de la existencia no se hunda vencida ya por el peso de sus contradicciones, sale de sí y acomete entonces la gran empresa de la palabra que lo habrá de llevar a conocer el mundo, a desvelar la verdad trágica de los seres que lo habitan, sumidos en la esperanza y la desolación, en la alegría de los impredecibles pronombres y en el dolor de las tristes guerras, en el caos de su mundo apaleado y en la angustia que les produce el vacío frente al infinito del universo, que está dentro y fuera de él, que en él habita por siempre. Así, el escritor, se funde en el todo, y en todos se resuelve gracias al proceso de transformación que supone la literatura, y es el escritor quien habla por obra y gracia de las criaturas que alientan su voz incoercible, que piden, como la zapatera de Lorca, salir a la escena, aquí, de los libros. Luis Miguel Díaz nos ofrece hoy su primera obra, Numen divino, y desde esta ciudad de los mil contrastes que es Casablanca, desde esta ciudad que se resiste a ser amordazada por el miedo y la locura suicida, yo quiero unir mi voz a la de todos los que en este momento lo acompañan, a la de los que le han de acompañar igualmente en el viaje alucinante de la lectura de una novela en la que Luis Miguel, nuestro guía, partiendo de una cita de Krishnamurti y hasta el poema final dedicado a Concepción, nos conducirá, junto con el poeta Lemurmulcíber, su alter ego (¿quién cuando escribe no lo hace dirigiéndose a sí mismo en primer lugar?), con un estilo fluido y elegante, no exento de ironía, al centro esencial de la persona, del ser, en una historia, su intrahistoria, con la que desde el mismo comienzo ya nos sentimos de lleno identificados porque, si nos fijamos tan sólo un punto, refleja sin duda nuestra propia historia, transida de luces y sombras, como digo. Comprobamos de inmediato que en Numen Divino Luis Miguel Díaz establece, según afirmara Sábato, una interacción total entre "la conciencia y el mundo que es peculiar de la existencia" y lo hace, añado yo, desde una clara postura de compromiso vital con aquello que le es irrenunciable y propio en su condición de novelista: restituir la palabra verdadera a un mundo tan necesitado hoy en día de ella, un mundo en el que la realidad está hundida en la miseria, falseada por los mercachifles de la impostura. Gracias te doy, Luis Miguel, por tu Numen divino y desde esta Adar al Baida en la que forjo la aventura de los días, ya espero tu nueva obra, absolutamente convencido de que nos habrá de sorprender con idéntica fuerza y dignidad con que lo has hecho en esta ocasión. Salud y libertad, buen amigo.

 


ANTONIO PEREZ HENARES

(Periodista y escritor)

Lo que sigue es la crítica extractada que sobre NUMEN DIVINO dio a conocer Pérez Henares en el acto de presentación (CASA DEL LIBRO, Madrid, 24 de Abril de 2.007).

Presentar una novela puede tener sus peros, puede ser el típico compromiso: "¿y luego qué dices?" He estado en presentaciones de libros. En una famosísima que hubo en Madrid, A… puso absolutamente a parir un libro de J…, con gran estupor de toda la concurrencia. Claro que el presentador es un tipo bastante serio y dijo lo que pensaba. Menos mal que no es el caso. Esto no es de compromiso. Si el libro me hubiera parecido un auténtico bodrio, le hubiera dicho a Luis Miguel no te lo presento, pero, por fortuna, ni para el autor ni para el presentador es el caso. Porque Luis Miguel escribe bien, a veces escribe muy bien. A veces la verdad es que llega a mucho. Y es su primera novela. Piensa uno que Luis Miguel, sin conocerlo excepto por esta novela, ha escrito mucha poesía. Esto se nota. Estoy convencido, no sólo por algunos poemas que aparecen en el libro, sino porque todo el libro está transido por algún impulso poético que continuamente se desliza por entre los ríos que van subterráneos y alrededor de la narración. Sus páginas están impregnadas, y no es nada malo, de ese impulso. Pero hay otra cosa: él describe muy bien. Describir no es fácil, porque hay que hacerlo con premura de tiempo, con, yo diría, economía de adjetivos. Y es donde se ve que un buen descriptor sabe hacerlo con dos o tres pinceladas y situar inmediatamente o presentarnos un personaje o una situación o incluso una estancia. Eso lo sabe hacer muy bien, y no es pequeña cosa… También es un magnífico evocador de paisajes… El paisaje de San Esteban del Valle (Avila)… Uno diría que ha sido feliz allí, y eso se nota (en las novelas en realidad lo que se descubre continuamente es el autor; los autores nos descubrimos aunque no estemos en ninguno de los personajes o procuremos no estarlo; nos autobiografiamos un poco, y aparecemos por ahí, por los rincones). Hay una carga de felicidad añadida a ese paisaje, se nota, nos transmite la felicidad de la tierra, recordando a Manu Leguineche. A mí me ha gustado mucho la primera parte, me ha llegado muy fuertemente. Muy buena la escalera de vecinos, un mundo, bastante más trabado y rico en matices que en las series de televisión a las que estamos acostumbrados. En esas series todos son estereotipos, no aparece ninguna hondura, son caricaturas. Nadie tiene vecinos así, serían insoportables. Y en toda esa escalera hay unos matices increíbles. Pero hay algo que me ha sorprendido: normalmente los escritores solemos vengarnos de alguien (te vas a enterar, te voy a hacer un retrato…). Hay algo hermoso en Luis Miguel: tiene compasión de todos. Eso dice mucho de un autor y dice mucho de un ser humano. La fórmula narrativa de la primera parte permite vislumbrar muchas cosas. A mí me gusta cuando no descubre del todo a los personajes, cuando te permite imaginártelos un poco más allá. Otra parte que también me ha gustado mucho: sus compañeros de clase. Todos hemos tenido esos compañeros, son muy generales para todos nosotros y están muy bien traídos, pero no son caricaturas. Otra cosa que me ha sorprendido, para ser un novelista primerizo, es la fluidez con la que traba los diálogos. El diálogo es muy importante en la novela y es muy difícil de hacer. Y realmente creo que los consigue bien, son fluídos, son naturales, no están forzados, no echa esas parrafadas imposibles características de las novelas malas o de culebrón. La gente que habla en la novela de Luis Miguel habla de verdad, habla desde su personaje, habla creíblemente, aunque el personaje sea fantástico. En toda la segunda parte, en lo que es seguramente para él lo mejor y donde ha hecho un ejercicio literario más importante y trascendental, es donde debo reconocer que me he perdido un poco; lo digo con toda honradez (les he dicho antes que si hubiera considerado que la novela era mala no la habría presentado; les he dicho que es una novela que está bien escrita, a veces muy bien escrita). En la segunda parte de pronto descubro que no sólo tiene alma de poeta sino también de autor de teatro. Toda esa segunda parte es más que otra cosa una representación teatral, personajes en un teatrillo. Mientras los personajes de toda esa primera parte son casi corpóreos, es muy difícil tocarles la carne a los personajes un poco más teatrales de la segunda, personajes que tienen muchísima mayor carga filosófica, que tienen muchísimo mayor recorrido intelectual, pero que a mi juicio carecen un poco más de corporeidad. Es como si flotaran… Creo, y coincido con Miguel Avila, que para ser una primera novela es una hermosa y gran novela. He descubierto en esta novela que hay un narrador, un novelista. NUMEN DIVINO es el inicio de un novelista que lo ha iniciado muy bien y que posiblemente nos sorprenda con una segunda novela donde logre conjugar esos tres elementos: de poesía, teatro y realismo mágico, ese toque de realismo mágico que es una de las esencias más importantes no ya de la literatura sudamericana sino del conjunto de la literatura de habla hispana, esa capacidad de mezclar lo mágico con lo real. En algún momento este libro me ha recordado a esa hermosísima novela de Sánchez Ferlosio que se llama ALFANHUI. He notado en esta novela una enorme capacidad de compasión sobre todo lo que le rodea, que hace que a uno el novelista le sea más cercano. Ese es el mayor piropo que dedico personalmente a la novela.

 

GONZALO PRADOS MUÑOZ

(Sociólogo)

La novela "Numen Divino" de Luis Miguel Díaz se divide en dos partes bien diferenciadas, la primera, verdadero ejercicio de evocación de la infancia, nos traslada al mundo misterioso y fascinante de Pedro, su protagonista. Con él recorreremos el entorno físico y humano que todo niño ha de descubrir/sufrir por sí mismo y nos traslada de su mano por territorios comunes por casi todos vividos en mayor o menor medida, poblado de miedos, alegrías y misterios (también con sus miserias). Pedro interpreta desde la perspectiva que otorga la memoria el significado de las cosas y trata de dar un sentido a cómo las vivió entonces desde la reflexión adulta, casi nunca coincidentes como se sabe. Su entorno más inmediato y familiar, sus padres, hermanos, la casa donde vive y juega con la poderosa imaginación aparecen bajo la visión más cordial e idolatrada, sin duda, de sus recuerdos (pura y sublime felicidad de niño); asimismo, el vecindario y sus moradores, tan variopintos y diferentes, facilitará al niño Pedro el encuentro con la diversidad humana, con el dolor y la injusticia, que le permitirán así percibir los primeros tabúes o lo que de misterioso puede haber en un bloque de pisos más allá de la zona habitual de juegos, o imaginar en qué extrañas lindezas se entretiene un molesto vecino, de hermética conducta e insoportablemente ruidoso. Es en ese crisol de misterios y sentimientos que experimentará Pedro donde se horneará su carácter y donde tomarán importancia conceptos tales como la lealtad, la amistad o la muerte, donde en definitiva se proyectará su futuro. (El niño como cuerpo absoluto y único instrumento o medio, por su virginidad y pureza, de alcanzar la deidad inherente al ser humano: numen divino). En la segunda parte de la historia nos encontramos al supuesto autor de la narración encarnado en protagonista y saliendo al encuentro del resto de personajes que habiendo él mismo creado, siente como hijos a los que no quisiera atar sino dejar a su albedrío, pero, por el contrario, a los que intentará manipular llevándoselos en una "simbólica" excursión hacia unas cumbres donde hallar el reconocimiento como poeta, donde habita la supuesta fama (no conseguirá tal cosa al final de la historia, sino que despeñado no conocerá fama alguna, vanidad de vanidades). Se enfrentan Pedro y su hacedor, quizás un alter ego de aquel, ambos complementarios y necesitados, solo en parte, uno del otro. Como descubriremos, curiosamente será Pedro el único que acompañe al poeta hacia las cumbres, aunque finalmente no alcance la meta; los demás personajes, posiblemente por esa libertad que se les dio y por la idiosincrasia de personalidades, se irán diluyendo y alejando por diferentes motivos.Toma especial fuerza en esta segunda parte de la novela el pícaro Fabián Velasco, personaje curioso, pertinaz y curtido por la vida, antagonista de Pedro (hay una rivalidad visceral entre el intrépido y descollante pícaro y el cada vez más pusilánime Pedro). Mientras Pedro se cuestiona y regodea en el unamuniano sentimiento trágico de la vida, con el volver a encontrar en estado de pureza su numen divino que halló de niño, el pícaro Fabián se limita a vivir o malvivir para algunos (carpe diem frente al estéril discernimiento teleológico). El pícaro yerra pero sobrevive, Pedro contempla la vida desde la barrera, extasiado por el recuerdo infantil de su numen divino, recuerdo que más que facilitar debilitará su futuro. Resaltan en la primera parte algunos párrafos descriptivos especialmente bien construidos y ricos en sensaciones para el lector. En cuanto a la segunda parte, especial mención merece dentro de la narración, por el gradual desarrollo de la tensión narrativa y la brillante exposición de los diálogos, la escena que tiene lugar en el café "Sal si puedes" donde el pícaro Fabián Velasco, convertido en protagonista absoluto, nos narra, a su manera, lo acontecido a Tadeo, Helena y a él mismo. Asimismo, resulta especialmente tierno, cálido y emotivo el capítulo dedicado a doña Aurora. Recomiendo la lectura de este "Numen Divino" que, sin duda, agradará al niño que todos llevamos dentro e interesará, por original, la mezcolanza de personajes, planos situacionales e historias que encierra.

Gonzalo Prados -El Molar (Madrid), 9 de abril de 2007-

 

 

FELIX PAREDES MONTEALEGRE

(Pedagogo y concejal del Ayuntamiento

de San Esteban del Valle -Avila-)

Esta confesión personal llena de retazos y compendio literario: epistolar, narrativa, descriptiva, novelada y teatral-drama y vida, tiene en su mayor parte como escenario la belleza de un rincón único en el mundo: EL BARRANCO DE LAS CINCO VILLAS, y como epicentro "SAN ESTEBAN DEL VALLE". En lo que me atañe como representación popular, me siento personalizado y agradecido… En el gran sentido ético y moralista que este ensayo va emitiendo página tras página, me gustaría sintetizar en estas palabras: "Hijo, despierta, que la mañana pronto izará su fuego sobre la cima". Y porque "El Señor sabe que Luis Miguel Díaz tiene alma de poeta", yo también añado que, sin conocerlo, sé que de hombre-poeta y en el mejor sentido de la palabra "BUENO". Gracias por tu aportación al bien de esta villa.

San Esteban del Valle, 8 de abril de 2007

 

 

BREVES RESEÑAS O COMENTARIOS RECIBIDOS

CONCEPCION HERNANDEZ PUERTA: No es un libro de lectura rápida -no llegará a best seller-, pero te hace pensar. Es complejo, profundo, de alta calidad literaria. Para amantes de la buena literatura. El autor, Luis Miguel Díaz, ha escrito una novela ambiciosa y sorprendente. Con un estilo que algunos han catalogado entre cervantino y quevediano: sin duda elegante. Y además muy completa. Un caleidoscopio literario: hay epístola, ensayo, teatro, poesía. Imprescindible.

LOURDES DIAZ GONZALEZ: Libro de agradable lectura. La segunda parte es muy interesante pero más complicada de entender. Para mi un libro imprescindible de un estilo impecable y que me lleva a la infancia, que en esta dura etapa adulta tanto echo de menos. Creo que todo el mundo lo debería leer.

ZURIÑE ALONSO (Lcda. Historia del Arte): La primera parte es de fácil lectura, amena. Te engancha. La segunda ya es algo mas densa, se nota mucho tu personalidad, me ha gustado mucho el capitulo de la critica, cuando el poeta defiende la forma de escribir el Numen, ya que se ve que eres plenamente tú. Me ha gustado, me ha costado un poco leer la segunda parte, pero te abres al lector; y eso es muy dificil verlo.

 

 

 

 

 

 

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