
Crítica
SOBRE "MADRE VICTORIA"
De Alberto Cea (asegurador y diplomado
en relaciones laborales)
De Miguel Ávila Cabezas (doctor en
filología románica)
De José Luis Garci (director de cine)
De Ana Lorenzo (crítica literaria)
De Valentín Nieves (autor y director
teatral)
De Daniel Ángel Sánchez Ibáñez
(poeta y rapsoda)
De Luis Saturnino (licenciado en derecho)
Reseña
de "MADRE VICTORIA" en ONDA CERO (por Cristina Rovirosa)
Sobre
"NUMEN DIVINO"
De Daniel Ángel Sánchez Ibáñez
(poeta y rapsoda)
De Ana Lorenzo (crítica literaria)
De
Miguel Avila Cabezas (profesor de literatura)
De
Antonio Pérez Henares (periodista y escritor)
De
Gonzalo Prados Muñoz (sociólogo)
De
Félix Paredes Montealegre (pedagogo)
Breves reseñas o comentarios recibidos

Alberto Cea
(asegurador y diplomado en relaciones
laborales)
EN
PAGINA DE "LA CASA DEL LIBRO" (ESPASA)
Uno de los mejores libros que he leído en mucho
tiempo. Entiendo se trata de una novela dotada en la narrativa de gran
sencillez y a la vez denota un lenguaje muy elevado y que utilizando ciertos
recursos lingüísticos, llega a conseguir su propósito,
no dejando al lector indiferente y despertando emociones de todo tipo.
Recomiendo su lectura.
EN CARTA PERSONAL
ESTIMADO AMIGO:
TERMINÉ LA LECTURA DE TU NOVELA HACE UNOS DÍAS
Y TAL CÓMO QUEDÉ CONTIGO ANTES DE LEERLA, QUIERO COMUNICARTE,
QUE ME HA ENGANCHADO DESDE EL PRINCIPIO AL FINAL.CONSIDERO , DESDE MI
MAS HUMILDE OPINIÓN , DESDE UN PUNTO DE VISTA PROFANO Y COMO AVEZADO
LECTOR QUE SOY, QUE LA NOVELA ESTA DOTADA DE UNA GRAN CAPACIDAD ANALÍTICA
Y TAMBIEN EN LA CONSTRUCCIÓN DE LOS PERSONAJES. EL TIEMPO EN QUE
TRANSCURREN LOS HECHOS, PARA MI SI ESTÁ PERMANENTEMENTE DEFINIDO
( DEJO LLEVAR MI IMAGINACIÓN A UNA ETAPA, TRISTE Y GRIS DE NUESTRA
HISTORIA RECIENTE, QUE FUE LA POSGUERRA..). EN CUANTO AL ESTILO NARRATIVO,
INTUYO QUE ESTÁ PENSADA PARA SERVIR DE ILUSTRACIÓN A LA
POSTURA DE UN ESCRITOR OMNISCIENTE, ES DECIR, QUE SABE LO QUE HACEN Y
PIENSAN HACER LOS PERSONAJES EN CADA MOMENTO. ENTIENDO, QUE UNA DE LAS
CARACTERÍSTICAS DE SU ESTILO, SERÍA QUE SE TRATA DE UNA
NOVELA DOTADA EN LA NARRATIVA DE UNA GRAN SENCILLEZ, PERO A SU VEZ, SE
DENOTA UN LENGUAJE MUY ELEVADO Y QUE MEDIANTE LA UTILIZACIÓN DE
CIERTOS PROCEDIMIENTOS Y RECURSOS LINGÜÍSTICOS LLEGA A CONSEGUIR
SU PROPÓSITO... Y ES DESPERTAR EN EL LECTOR EMOCIONES DE TODO TIPO.
EN CUANTO A MICAELA RUEDA, QUE DECIR.... PERSONAJE QUE SE DESENVOLVERÁ,
DENTRO DE UN CONTEXTO QUE PARECERÍA NO LE TENDRÍA QUE HABER
TOCADO EN SUERTE, POR SU IDIOSINCRASIA , APELANDO CONSTANTEMENTE A SU
INSTINTO DE SUPERVIVENCIA EN EL TRANSCURSO DE LOS ACONTECIMIENTOS QUE
CONFORMAN CADA UNA DE LAS ETAPAS DE SU VIDA. EN DEFINITIVA Y ESTANDO MUY
DE ACUERDO CON LO QUE DICE DANIEL ÁNGEL SÁNCHEZ, SOBRE LA
AUTENTICIDAD DEL PERSONAJE Y ES QUE, CON SU FUERZA, SU TESÓN, SU
INTELIGENCIA YSOBRE TODO SU AMOR Y BONDAD , CONFIGURAN UN PERSONAJE MUY
VISCERAL EN UNA REALIDAD MUY CRUENTA. POR ÚLTIMO DECIRTE, ESPERO
SIGAS DELEITÁNDONOS CON TUS PRÓXIMOS RELATOS . ESTOY INTENTANDO
LOCALIZAR "NUMEN DIVINO" , COMO HICE CON MADRE VICTORIA, EL
CUAL ME LLEGÓ A TRAVÉS DE UNA LIBRERÍA EN MADRID,
YA QUE EN SALAMANCA, RESULTÓ IMPOSIBLE SU OBTENCIÓN.
RECIBE UN FUERTE ABRAZO

Miguel Ávila Cabezas
(doctor en filología románica)
-Es el prólogo de "MADRE VICTORIA"-
MADRE VICTORIA: POR LOS CÍRCULOS DE LA REALIDAD
Madre Victoria es la segunda novela de Luis Miguel Díaz
y quienes en su momento leímos la primera, Numen Divino, publicada
en las postrimerías del 2006, reconocemos una patente evolución
en las formas y modos narrativos del autor. En efecto, percibimos ahora
como un tono y estilo más depurados y directos, y la historia en
sí (un claro homenaje a la madre: Victoria es la madre que nunca
claudica) nos llega más al fondo, se nos hace como más próxima,
como más nuestra, gracias a esa inmensa humanidad que destila por
todos sus poros existenciales la protagonista, Micaela Rueda, desde que
nace, no precisamente en un "florido y hermoso" día de
primavera sino, al contrario, "cuando el horror de la guerra había
desposeído al mundo de sus deleites en mayo". Ciertamente,
por ser la primera, no habrá de resultar ésta la única
vicisitud o desventura de Micaela, quien abrirá también
los ojos al mundo atravesada por la certeza de la madre Faustina (ya veremos:
el primero y más implacable de los personajes antagonistas) de
que aquella hija suya, condenada de por vida a la soledad, vino al mundo
por causa de una violación sufrida durante la guerra civil. Tal
vez sea ahora el momento justo de dejarse llevar por la tentación
(¿quién, al cabo, puede escapar a la misma en sus múltiples
formas?) y afirmar sin ambages que Luis Miguel Díaz no es de esos
escritores que se complacen en el reductivismo de pensar (erróneamente)
que ha encontrado "la voz", el reclamo único con marchamo
de propiedad intelectual. Todo lo contrario, insisto. Entre Numen Divino
y Madre Victoria no es que se extienda necesariamente un abismo sino,
por contra, un puente de continuidad y a la vez, como digo, de depuración
estilística, que persigue un afán, progresivo, de experimentación,
lo que nos acerca (de la mano, aquí, de Micaela Rueda) al conocimiento
del ser y su verdad universal para acompasarlo al latido único
de nuestro corazón de lectores, atrapados de lleno en la urdimbre
intrahistórica y emocional que imprime sentido, cohesión
y permanencia al relato y sus actores. ¿Una novela más de
abnegación, entrega, lucha y supervivencia? ¿Y por qué
no? ¿Qué es la literatura a fin de cuentas? Aunque, dejémoslo
claro, una historia limpia de polvo y pajas melodramáticos en sintonía
con el sentimentalismo propio de andar por casa. Es tal la energía
y entereza de la protagonista que en ningún momento nos podemos
abstraer del encanto (casi sinestésico, táctil diría)
que de ella emana, sobre todo si tenemos en cuenta que, al imaginárnoslo,
es al fin y al cabo el retrato de la madre ideal el que se nos muestra.
Lo comprobaremos más adelante. Sí, Micaela Rueda se erige
en el modelo, en el arquetipo a seguir a través de los derroteros,
que no derrotas, de la existencia. Ciertamente es en las personas buenas
y generosas en las que se reencarna con luz propia la Madre Victoria que
ella representa, como proyección de esas instancias ocultas o,
tal vez, de otras sublimaciones inevitables que todos guardamos en lo
más profundo. En un doble plano de ficcionalización (dentro
de su verdad histórica), la realidad del personaje toma cuerpo
para forjarse emocionalmente en sus relaciones de opósitos. El
ámbito es la circunstancia: ya sea Vegafría, en la comarca
de Gonzalcano; con la tía Petra, y tan libremente cerca de los
prados; en la cueva donde ella se reconoce en su absoluta soledad; en
la casa familiar, a partir de los siete años, reclamada por una
madre desnaturalizada e incontinente en su función gestatoria;
en la fábrica textil; en la capital (en la segunda parte del libro);
en casa de don Conrado y su hermana, "el mullido pompón";
y después en casa de la tía Concepción, junto al
primo Simón y la locura de su Sociedad Marmórea del Espíritu,
con diccionario bilingüe y Tratado y decálogo académicos
incluidos. El espacio es la contingencia: en la factoría de piezas
del automóvil, de regreso a la casa paterna; con Alberto en el
propio hogar
La correlación de contrarios permite que el
andamiaje emocional de nuestra protagonista se consiga muy acertadamente
en esa su correspondencia con los demás. Por una parte, con los
que le aportan comprensión y significatividad asertiva: Petra y
Manuel; Fuensanta, la hija del pastor; Matilde, la hija del Potentado;
las tres compañeras anónimas de la fábrica textil;
el permisivo de don Conrado; por supuesto el primo Simón en su
lúcida enajenación; Monserrat, la administradora de la factoría
de piezas para coches; Alberto, el marido discreto y silencioso; y, finalmente,
los dos hijos, María y Miguel. Y en el extremo opuesto, el de los
antagonismos (con mayor o menor virulencia), que ella afrontará
con total entereza, Faustina, la madre descastada; don Patricio, el cura
desnortado; Regina, la encargada de la fábrica textil; Jesusa,
la hija de don Gonzalo y hermana de Rodrigo; el mismo Rodrigo, incluso,
tan inestable en su convicción amorosa; doña Isabel, la
hermana de don Conrado; y la suegra, esto es, la madre del lacónico
Alberto. En esta equilibrada relación de luces y sombras, de espacios
abiertos y otros cerrados, e imprevisibles, descritos al detalle con tan
acordada fluidez, y por donde, en ocasiones, Luis Miguel Díaz nos
lleva de la mano solícita de la primera persona del plural ("Descendamos
a la planta
"), reconocemos el oficio del buen narrador que
en el plano temporal distribuye regularmente el orden de los acontecimientos
en una secuenciación lineal, aunque con determinados saltos y retrocesos
en el tiempo (prolepsis y analepsis, y en este orden de importancia) de
los que en puntuales momentos el autor nos hace directamente partícipes
gracias al uso prioritario de locuciones ingresivas y otras fórmulas
apelativas de recapitulación: "Y aquéllos, como bien
vamos a ver enseguida
". "Se habrá percatado el
atento lector de nuestra intención
". Es tal la fuerza
proyectiva de Micaela que en el transcurso de nuestra lectura (especialmente
a partir de la segunda parte) nos domina la impresión de que el
narrador omnisciente acaba diluyéndose en esa intensidad oceánica
del personaje, tan cercano ya a nosotros, tan profundo y verdadero en
su devenir existencial, en su lucha por la vida. ¿Literatura y
vida? ¿Literatura y realidad? El testimonio de Micaela nos hace
comprender que la realidad no existe per se, como si estuviese aislada
o flotante en una suerte de limbo aquietado al que acudimos siempre que
pretendemos rescatar de su fondo la esencia holográmica de los
seres (¿qué es la realidad?), corporeizados desde un yo
que está sujeto a otras realidades anejas y ajenas, impulsoras
del miedo, la desazón, la necesidad, el infortunio y, por qué
no, la alegría también. Contra el ciego y cobarde determinismo
de los hechos consumados (como ovejas mansas vamos día tras día
al matadero ideológico y metafísico de la realidad), Micaela
Rueda opone una determinación absoluta de no querer terminar sumida,
irremediablemente, en la miseria, la ruina, el falaz conformismo de quienes
acaban siendo despojados para siempre de la voz y la palabra, o en el
mismo abandono existencial (por la parálisis que le sobreviene
a los diecinueve años, por la muerte en accidente de Alberto, por
el progresivo deterioro de los padres, por el egoísmo e insolidaridad
de hermanos y cuñados
). Por ello, Micaela, auténtica
hacedora de la historia (de su historia), proyecta emociones y sentimientos,
su rebeldía en suma, no sólo contra cualquier tipo de opresión
directa (la de la madre, la de don Patricio, la de la de Regina
)
sino también contra el silencio y la indiferencia generalizados
que nos transforman en muertos vivientes, y ello con el paliativo infalible
de los actos sencillos, que rezuman eternidad por todos sus poros. Es,
por consiguiente, en el contacto directo con la naturaleza, o sea, en
el descubrimiento radiante del mundo exterior (fuera de la casa, y de
la cueva que guarda la siniestra figura religiosa), donde ella encuentra
la libertad, la paz, la luz amable del paisaje. El sentido del equilibrio
y de la armonía significa el valor inalienable de la justicia,
lo inmanente de todos los seres cabales, y es así como la forja
de su rebeldía frente al mundo se concentra en sus memorias, reflexiones
sobre el ser esencial y su soledad cosmológica. Metaliteratura.
Madre Victoria (la que ella buscara con tanto ahínco y nunca encontró)
deviene en la trasposición de su persona a la duplicidad del yo
(el alter ego) que se reconoce en su propia esencia. Literatura dentro
de la literatura. En la raíz de la angustia, se nutre también
la memoria del tiempo: la Odisea, los Diálogos Platónicos,
la Divina Comedia, El Quijote
; y en un sorprendente quiebro temporal,
el propio autor, reencarnado en el abuelo Díaz, quien antaño
publicara la novela Numen Divino y dejara inédita la obra teatral
Rosas de Laurel. Así pues, las autorreferencias literarias se disponen
junto a las de las Rimas de Bécquer, las obras de Shakespeare y
Lope de Vega, un soneto de la misma Micaela dedicado a la muerte de la
madre que nunca tuvo, la ofuscación del Ignatius J. Reilly de La
conjura de los necios (¡qué gran obra!) y, por supuesto,
el "Septrafalario" del primo Simón. ¿Qué
otra cosa podemos hacer a partir de ahora que invitar al lector a que
se adentre en las páginas de Madre Victoria y reconozca de nuevo
el terreno fértil de su ilimitado imaginario? ¿Y qué
más podemos añadir? ¿Acaso el hecho de que en su
desdoblamiento es la propia Micaela Rueda la representación de
esa Madre Victoria que todos conocemos o, en su defecto, anhelamos? ¿La
mujer que de tan esforzada como es se torna inalcanzable? ¿Una
historia de familia en clave biográfica? ¿Una ficción?
Cuando el lector da el primer paso y atraviesa la puerta, la realidad
se manifiesta y abre un nuevo círculo. Dejemos que sea el mismo
lector, y sólo él, quien busque y descifre las claves del
libro, ésas que están fijadas desde el origen en la gramática
de la vida.

José Luis Garci
(director de cine)
Sobre "MADRE VICTORIA"
Estimado Luis Miguel, .../... No soy crítico literario,
pero si te sirvo para algo, lo he "sentido". Me gustan más
los diálogos que las descripciones y, en fin, que me parece que
tienes una gran capacidad de análisis y una buena mirada para montar
los personajes.

Ana Lorenzo
(crítica literaria)
Una lectura de Madre Victoria, de Luis Miguel Díaz
Es la novela de Luis Miguel Díaz, Madre Victoria,
una novela madura, bien estructurada, generosa con sus personajes. Los
hallazgos que surgían deslumbrantes en su primer libro, Numen divino,
brillan aquí con mayor comedimiento, pero también el nivel
de la novela se mantiene más uniforme en esta última. Asistimos,
en ella, al transcurso de la vida de Micaela Rueda, la protagonista, desde
que nace en un hospital de la gran ciudad, adonde acude Faustina, su madre,
y donde la olvida al poco de su nacimiento cuando todos corren a refugiarse
en los subterráneos del edificio, siendo rescatada por una enfermera.
No es la historia de Micaela una novela al uso de aprendizaje sentimental,
aunque sí haya un crecimiento emocional y psicológico del
personaje; no lo es en tanto que en esta novela la acción es importante:
Micaela es, por definición, una mujer que actúa, una mujer
que se va construyendo una personalidad marcada y que va aprendiendo de
los errores cometidos, de los escarmentados en cabeza ajena -como el caso
del matrimonio mal llevado de sus padres, por la querencia de Antonio
por la bebida-; es también una persona que siente compasión
antes que odio, y que se rebela ante la injusticia; es alguien que aprende
a amar la tierra y la naturaleza, pero que sabe que hay algo más,
algo inasible, que se encuentra a veces entre líneas en un libro,
o en un estado al cual puede llegarse contemplando un rayo de luna o escuchando
el silencio en un baño en el río, o quizá en lo que
ella ya hacía y al leer le pone nombre: "meditar"; es,
ante todo, una mujer que quiere vivir y vive. Pero, ¿qué
nos dice el título de la obra? Madre Victoria: ¿por qué?
Son importantes los títulos muy a menudo. Permítanme que
les ponga el ejemplo de otro libro de sobra conocido: Madame Bovary, de
Gustave Flaubert. ¿Por qué no Emma, o Emma Rouault, si era
la protagonista? ¿Por qué Madame Bovary? Porque Flaubert
no nos presenta a una chica desvinculada de todo: nos presenta a una señora
casada, mujer de un médico de provincias llamado Charles Bovary,
que está inmersa en una sociedad de la que pretende huir -ella,
a través de la lectura de novelas románticas-, que cae de
nuevo en ella incapaz de escapar, una vez tras otra, incapaz de semejante
huida. Micaela Rueda no busca escapar con la escritura de su "diario"
dirigido a esa madre Victoria que inventa: es cuando nota que algo ha
cambiado en su actuar cuando comienza a escribir a esa madre que echa
en falta. ¿Por qué una madre? Micaela tiene a Faustina,
aunque sea una madre cruel y que no la quiera. Tiene, por otro lado, a
la tía Petra, que la ha cuidado como una madre, que la ha hecho
sentir ese cariño y que la ha criado desde bien pequeña.
Y, sin embargo, sabe positivamente que Antonio no es su padre. Tampoco
su tío se ha portado con ella como si lo fuera. El cariño
de un padre no lo conoce Micaela. Quizá de ahí podamos concluir
que Micaela se desdobla en Madre Victoria porque sabe lo que es tener
una madre y echarla en falta: tiene el molde y el hueco; es la carencia
la que la define, en tanto expresa lo más íntimo de sí
misma, Micaela necesita ese trasunto de sí misma en una figura
materna que no existe en su vida pero que sí conoce. Una madre
coraje con la que se puede sentir identificada y a la que le puede contar
todo. Surge entonces la escritura como necesidad de superar la vida, como
reflexión, y surge tras la lectura de los clásicos. Aquí
el autor hace un guiño al lector e introduce su primera obra, Numen
divino, incluida la obra dramática inacabada que en el libro se
escribe Rosas de laurel, como una de las que lee Micaela de la biblioteca
de casa de su tía Petra, atribuyendo la autoría al difunto
abuelo Díaz. No es nuevo el recurso a la metaliteratura para Luis
Miguel Díaz. Y este guiño nos puede dar una pista de la
continuidad que hay entre ambas obras, habida cuenta de que en las dos
la escritura ocupa un lugar importante en la temática que desarrollan.
Si bien es cierto que en Madre Victoria veremos que la escritura es posible
solo cuando hay una necesidad de llenar un vacío conocido pero
con un atisbo de esperanza, con un punto de rebeldía, con un espíritu
inconformista. Si eso no existe, si el vacío es una tristeza demasiado
honda, la escritura no surgirá. Si, en cambio, la vida le ofrece
a Micaela los personajes que ella crea porque la realidad se los niega,
cuando encuentra un trasunto de su madre en personas reales, cuando al
fin es feliz, tampoco seguirá escribiendo. El diario de Micaela
dedicado a su madre Victoria es el motivo de que le encarguen un cuento
para dos enamorados: ¿quiere eso decir que es posible escribir
por encargo, traicionando uno sus principios? No, nada más lejos.
Nuestra protagonista solo accede a este requerimiento por sentirse deudora
de la mujer a la que va dirigida el regalo del cuento, Matilde, por simpatizar
con ella, y, sí, también por algo de vanidad. También
Numen divino hablaba de la búsqueda de la gloria por el escritor:
nunca es lo fundamental, pero no se puede dejar simplemente a un lado
y olvidarlo. La historia de Micaela Rueda es una historia de desgracia
en un medio rural, en un ambiente cerrado de la postguerra española,
con personajes bien dibujados, a los que vemos crecer y cambiar, o simplemente
envejecer y pudrirse porque no maduran, como fruta cogida antes de tiempo.
No es una historia habitual y, sin embargo, podría muy bien ser
una historia real. Como dijo Luigi Pirandello cuando le criticaron la
credibilidad y verosimilitud de la novela El difunto Matías Pascal,
"la realidad es siempre menos creíble que la ficción".
Luis Miguel Díaz ata los hilos de la novela como la realidad une
los hilos de las historias, dejando sueltos algunos cabos que ya nunca
retomaremos, mezclando otros con tal capricho como solo la vida es capaz
de hacerlo, sin intentar hacernos pasar por los caminos trillados de lo
creíble, de lo verosímil, de lo coherente porque, ¿qué
coherencia hay en los hechos? Es en el personaje de Micaela donde sí
se encuentra la coherencia y la maravilla de una mujer que lucha, de una
madre que se manifiesta primero por su vaciado, por su molde, y luego
plenamente, soberbia en su humanidad.
Ana Lorenzo, Rivas Vaciamadrid, 16/06/2009

Valentín Nieves
(autor y director teatral)
El libro que hoy presentamos, Madre Victoria, de Luis
Miguel Díaz es una novela, y como tal, encuadrado en el mundo de
la ficción. Es el segundo publicado por el autor, y corresponde,
sin duda, al afán de hacerse un hueco en la narrativa actual, o,
cuando menos, servir de vehículo a la expresión imaginativa
más desbordante que muestra en toda su labor literaria. Empezaremos
este comentario diciendo que Madre Victoria corresponde, sin duda, a la
manifestación más evidente del autor de plasmar, de forma
incontenible, la necesidad de expresar las vivencias más contradictorias
que la vida puede ofrecer. Y quizá, también, la de interpretar
los hechos sucedidos, o que pueden suceder, bajo el prisma del narrador
independiente, como fiel observador objetivo de los acontecimientos que
siempre se muestran fuera de la influencia del propio autor, como es natural.
Antes de entrar en otras consideraciones, que afecten a parcelas artísticas
de la novela, vamos a tratar de situar la obra bajo un todo articulado,
ofreciendo sobre la misma una visión general. Es, ante todo, una
manifestación narrativa envuelta en la ambiciosa contemplación
de una realidad singular. Por ello, abarca un dilatado período
de tiempo no ya sólo de una generación, sino de varias.
Claro es que el discurrir del tiempo en la misma se hace de una forma
irregular, como corresponde al propio ritmo de la vida que en ocasiones
discurre monótona y sin alicientes y que en otras los acontecimientos
se precipitan de forma irremediable. Es la narración de una vida,
la de Micaela, como hilo conductor de una historia que pretende ser un
mosaico variopinto, sencillo, rudo y cruel del mundo rural de la posguerra.
Incluso, muestra la huella indeleble de los desmanes de la propia guerra.
En este mundo de acontecimientos, encadenados los hechos personales de
las vidas que se entrecruzan, vendrán envueltos en conductas que
se han conformado bajo los patrones inclementes que imponen los conflictos
bélicos, y así las personas se verán desprovistas,
en muchas ocasiones, de los sentimientos más elementales del ser
humano. Pero todo ello se admite como discurrir inexorable, que, acaso,
ni se ha de plantear siquiera, como consecuencia lógica de una
vida que transcurre bajo los parámetros de una realidad inevitable.
Esta filosofía de vida, que tan solo es el planteamiento natural
de una existencia impuesta, presidirá todos y cada uno de los acontecimientos
que jalonan esta historia de encuentros y desencuentros. Tal es así
que todos los personajes que se entrecruzan en este relato tan solo se
alinearán a una de las dos conductas enfrentadas, y que serán
a favor o en contra de los propios pensamientos de su principal protagonista,
Micaela. No hay términos medios, todo será o blanco o negro,
sin grises que lo hagan palidecer. Pero esto no es sino la consecuencia
lógica del obrar de unos personajes sencillos, rudos, expuestos
a los embates más fuertes de un entorno cruel y exigente. Nunca
tendrán la oportunidad de embeberse en reflexiones metafísicas,
ni la vida se lo va a permitir, salvo en el caso de la propia Micaela,
que contra viento y marea, se abstrae con frecuencia del discurrir prosaico
de los acontecimientos para elevar su espíritu hacia esferas muy
por encima de los propios hechos cotidianos. Resulta, no obstante, sorprendente
esta facultad de Micaela de soslayar los acontecimientos más adversos.
Claro es que tiene una extraordinaria predisposición a imaginarse
mundos que no tienen nada que ver con la realidad circundante, y evitará,
en ocasiones, hasta los sufrimientos físicos más crueles.
Y así la Madre Victoria no será sino una idealización
de lo que pudo y tuvo que ser su madre real y que no halló nunca
en su progenitora. Y llegado a este punto de la reflexión uno se
pregunta de dónde le viene a Micaela esta facultad de elevarse
muy por encima de los acontecimientos, de idear un mundo diametralmente
distinto al que le ha tocado vivir. La respuesta no es fácil, aunque
se llega a intuir que Micaela guarda en su yo más íntimo,
o quizá en la herencia desconocida de sus propios genes, una predisposición
romántica ante la vida que se niega a admitir que la naturaleza
sea tan cruel que no ofrezca un poco de bondad. El argumento en el que
se basa la novela viene a concebir que en torno a una vida, extraña
y rara ya en su propio nacimiento, se puede construir una trama más
o menos realista, siempre encuadrada en el discurrir normal de los acontecimientos
como consecuencia lógica del devenir de los hechos cotidianos.
El nacimiento de una niña en plena guerra civil, su retiro a los
campos bajo la tutela de unos tíos atípicos y la posterior
renuncia para ayudar a los padres en su lucha de difícil supervivencia,
sus relaciones inconsistentes con el descendiente adinerado del lugar,
su posterior decepción, la relación cruel con su progenitora
que no admitirá nunca que la hija pueda ser un ser humano con nobles
sentimientos, el escaso apoyo que encuentra en su padre, despegado de
sus obligaciones más básicas, y que a la postre no era ni
su padre, su enfrentamiento con la encargada de trabajo en la fábrica,
su huida al país vecino con enorme desarraigo social, su vuelta
a la villa de nacimiento, la enfermedad que diezma sus fuerzas, su huida
desesperada hacia la capital del reino, el encuentro en su nueva ciudad
con un mundo atosigante y lleno de presiones sociales, su relación
con un hombre bueno pero inoperante, el abandono de la escritura que siempre
le sirvió de refugio, el discurrir de los años monótonos
con la llegada de los hijos, la relación difícil con los
parientes en su villa, en especial con su madre, la naturaleza bondadosa
de su obrar en torno de los suyos, su naturaleza desprovista de odios
resquemores, su posterior conformidad con el discurrir de los acontecimientos
cotidianos
hacen que la historia transite apenas con hechos relevantes
y trascendentes, pero eso sí, con una consistencia humana importante
que le darán razón de ser. La estructura de la obra ofrece
el discurrir natural de los hechos, sin quebradas líneas argumentales
ni saltos en el tiempo que puedan complicar el raudo sucederse de los
episodios, pero, a veces, con paradas puntuales para ofrecer, en ocasiones
con generosidad, las reflexiones más importantes en los sentimientos
de la protagonista. Los demás personajes se verán descritos
con pinceladas, finas o gruesas, siempre desde la distancia de sus pensamientos.
Se observa, pues, principalmente su obrar, y, en todo caso, las consideraciones
de Micaela hacia los demás personajes. Pero estas pinceladas nos
hacen precisar, con gran definición, como son y hacia donde se
dirigen estos personajes, por otro lado muy encorsetados en sus mundos
respectivos. Así ninguno alcanzará nunca la altura de miras
de la propia Micaela, que sobrevolará, aunque sin maldad ni altanería,
muy por encima de las prosaicas vidas que le rodean. El estilo, aunque
en ocasiones con frases largas, ofrece un ligero discurrir de los hechos.
A veces los pasos de tiempo se hacen con lacónicas referencias
y se condensa en pocas palabras un dilatado paso de los años, lo
cual facilita al lector la comprensión global de la historia, pero
en otras ocasiones se detiene en multitud de descripciones un tanto prolijas,
llenas de localismos, detalles minuciosos y abundancia de explicaciones
que conducen irremediablemente a una ralentización de la acción.
Si bien esto es cierto, también lo es que la simbiosis de ambas
formas de narrar están bien conjuntadas para no ofrecer una lectura
tediosa. Quizá sea en las reflexiones de los personajes, salvo
en el caso de Micaela, cuando la descripción se torne un tanto
liviana, con escasas referencias al mundo interno de los mismos, en su
vertiente psicológica. Por ello nos encontramos ante los tipos
más diversos, pero de los que apenas conocemos sus razones de actuar
ni sus ocultas intenciones. Son seres arquetipos, que no variarán
en nada su manera de proceder, ni siquiera en sus palabras, que serán
siempre parcas y repletas de convencionalismos. Llegado a este punto se
hace preciso conocer un poco a los principales personajes de la historia.
De Micaela, la protagonista, ya tenemos mucha información. Tan
solo añadir que su predisposición a la justicia, su honradez
de sentimientos, sus profundas reflexiones, su natural inclinación
a la evasión y su paciente aceptación de la crueldad de
la vida hacen de ella poco menos que un arquetipo irrepetible. En todo
caso es un personaje cercano al que se le tendrá sin duda un afecto
especial y con el que el lector se identificará sin apenas darse
cuenta. De Faustina, la madre de Micaela, a pesar de jugar un papel muy
importante en la historia, tan solo podemos decir que es un personaje
extraño, huraño, cargado de no se sabe qué sentimientos
de odio contra todo y contra todos, y con un egoísmo rayano en
lo psicótico. No muestra ni un solo rasgo de ternura, lo cual le
confiere un patético sentido de la vida. Antonio, el padre legal
de Micaela, tan solo se ofrece como el ser, que en contra de su manera
de actuar, ofrece a la muchacha algún atisbo de seudocomprensión.
Pero su paso tangencial por la historia hace pensar que se trata de un
ser humano sin deberes familiares y sin responsabilidad social alguna.
Sencillamente va por libre de todo cuanto sucede a su alrededor y al que
tan solo le seduce la bebida. La tía Petra es la bondad personificada
y, si bien tan solo influyó en el carácter de Micaela en
sus primeros años, le sirvió siempre como una referencia,
en la que encontró ese afecto que jamás recibió de
su propia madre. Rodrigo, el hijo del Potentado Don Gonzalo, representa
la encarnación del caprichoso galán desocupado que campa
a su antojo, sabedor de la cuna que le mece. Significará la ilusión
de un tiempo pasajero que apenas dejará huella en el pensamiento
de Micaela. Regina, la inflexible y odiosa encargada de la fábrica
donde trabaja Micaela, mantendrá una enconada lucha con todos los
que tiene bajo su mando, sirviendo fiel a los intereses del amo, a quien
sigue cual perro guardián. Alberto, con quien se casará
Micaela, hombre honrado, sencillo y bonachón, que significará
una cierta estabilidad en la vida de la chica, marcará una época
de esplendor económico que no de espíritu, pues fue entonces
cuando Micaela abandona casi por completo su afición a la escritura.
Pero la muerte de Alberto vino a trastocar nuevamente la vida de Micaela.
En fin, cabría comentar también el retrato de otra serie
de personas que componen el mosaico social de la vida de Micaela, como
son su hermano, sus hermanas, sus hijos, su tía Concepción,
el cura párroco del pueblo, el primo Simón, la prima Conchita,
Montserrat, etc. Pero no sería sino describir algo que forma parte
importante de esta historia, que se desliza, precisa y puntual, como buen
ejemplo de descripción de personajes, cuando no de lugares y paisajes.
En cuanto a la trama, bastante diluida en la descripción de relaciones
humanas, muestra una exposición lineal, sin momentos especialmente
subrayados, ni ocasionales acontecimientos entrecruzados, sin énfasis
importante en el desarrollo de los hechos, sin entrecortadas líneas
de actuación de los personajes. Por ello avanzará sin sobresaltos,
sin solución de continuidad, sin grandes elipsis que marquen un
ritmo vivo, aunque sí continuo. La acción transcurre sin
sobresaltos, sin líneas argumentales premeditadas, con términos
que marcan un fondo narrativo sencillo y ligero, como corresponde a los
primeros pasos del autor en el terreno de la ficción. Muestra,
sin embargo, hechuras de atesorar excelencias de buen narrador. Esto lo
facilitará un buen dominio de la técnica narrativa, que
indudablemente le facilitará la experiencia. Madre Victoria, sin
duda, marca el inicio prometedor de un buen escritor de relatos, y en
esta línea, con el decisivo manejo de la elipsis sin complejos
y un buen elaborado argumento, veremos a Luis Miguel Díaz instalado
en el catálogo de excelentes narradores actuales.
DANIEL
ANGEL SANCHEZ IBAÑEZ
(Poeta
y rapsoda)
Antes que nada, como hice con "Numen Divino",
he de decir que no soy crítico literario (aunque me gustaría
tener la cultura necesaria para serlo) y que por lo tanto, lo que voy
a escribir sobre "Madre Victoria", lo hago como lector y, llegado
a este punto, desde la más estricta imparcialidad, ya que dada
la gran amistad que me une al autor y de la que me siento muy orgulloso,
alguien pueda pensar en algún tipo de favoritismo que, no sólo
sería erróneo, sino injusto para el autor y su obra. Madre
Victoria es una novela cuya primera valoración, desde el sentimiento
más espontáneo, te hace pensar en lo entrañable,
en lo más genuino del ser humano, en la bondad y la crudeza de
la vida. Madre Victoria engancha al lector desde las primeras páginas,
como lo suelen hacer las buenas obras de escritores con talento y oficio.
Y es que esta novela muestra, con respecto a la anterior (Numen Divino)
una notable diferencia de calidad, no sólo en su contenido, sino
en su estructura y en los ricos y variados matices que contiene y que
reflejan por parte del autor, un importante salto cualitativo de madurez
literaria. Sus personajes son reales, auténticos de una época
que, como lector, te hacen identificar no sólo la idiosincrasia
de sus vidas, sino el medio y la época en que se desarrollan. Cabe
destacar, como nota distintiva entre ellos, el del primo Simón,
personaje extraño, mezcla por momentos entre absurdo, surrealista,
inteligente, agresivo, cariñoso y bueno
Con este personaje
y sus monólogos en "marmóreo", lengua tan ingeniosa
y culta, con un dulce matiz megalómano, el autor, a buen seguro,
se lo tuvo que pasar en grande. A lo largo de la obra, todos sus personajes
encajan perfectamente en cada ámbito, en cada momento, en cada
capítulo emocional o descriptivo. Todos tienen su protagonismo,
su momento de gloria o desatino, unos más que otros, como debe
ser, es decir, como ocurre de forma natural en la vida. Pero sin duda,
el personaje que cautiva, que enamora al lector desde el principio es
el de Micaela Rueda. Micaela es un ser que nació y vivió
para ser heroína de una historia de ficción, pero que cualquier
lector puede tomar como real, tal es la pureza, la autenticidad del personaje
en todas sus facetas, en todas las etapas de su vida. Micaela no es heroína
por vocación; son su instinto de supervivencia, su fuerza, su tesón,
su inteligencia, su amor y su bondad, los elementos que la han convertido
en ello. Termino diciendo que si con Numen Divino pude conocer a buen
amigo y a un escritor, promesa literaria en ciernes, con Madre Victoria,
no sólo sigo disfrutando de su amistad, sino que tengo el neutral
y feliz convencimiento de que aquella promesa literaria es hoy una gozosa
realidad, que no es sino el preludio de una brillante carrera literaria
que ya tiene nombre y apellidos: Luis Miguel Díaz González.
Daniel Ángel Sánchez Ibáñez
LUIS SATURNINO
(Licenciado en derecho)
SOBRE "MADRE VICTORIA"
EN SU FACEBOOK
EXITOSA PRESENTACIÓN DE LA NOVELA "MADRE VICTORIA"
DEL ESCRITOR LUIS MIGUEL DÍAZ
El pasado jueves 22 de octubre, en el Centro Dotacional de Arganzuela,
tuvimos el placer de disfrutar de una tarde entrañable.
Nos reunimos alrededor de un centenar de amigos, para celebrar la presentación
del segundo libro de Luis Miguel Díaz: Madre Victoria.
A lo largo de tres horas; moderadores, críticos y amigos, congregados
alrededor de la buena literatura.
Nos recreamos con pasajes del nuevo libro de Luis Miguel, llenos de poesía,
de encanto y de sensibilidad.
Porque si algo aflora en este libro, es SENSIBILIDAD, sensibilidad con
mayúsculas.
Sensibilidad ante el dolor, sensibilidad ante el encanto de la protagonista.
Sensibilidad por la pérdida de una madre.
Si hay algo que aflora en "nuestro" Luis Miguel es SENSIBILIDAD,
pero también buen oficio.
El autor nos muestra una excepcional capacidad de crear y componer personajes.
Personajes atractivos, cincelados con mano experta, con personalidad propia,
más que personajes novelescos parecen seres vivos.
En esta ocasión, lejos de las "complejidades estructurales"
de su obra prima, el leer se hace ameno. Página a página
te sientes arropado por una historia. Una historia que pudo ser la tuya.
Desde esta tribuna, siempre abierta a la Cultura y al "Buen Gusto"
se te desea la mejor de las suertes en el largo y tortuoso camino de la
literatura.
Un abrazo amigo.

DANIEL
ANGEL SANCHEZ IBAÑEZ
(Poeta
y rapsoda)
SOBRE
"NUMEN DIVINO"
Señor
Lemurmulcíber :
El
motivo de la presente es hacerle partícipe de mis modestas y humildes
impresiones, sobre su obra “Numen divino”.
Dios
me libre de llamarle “crítica” a estas líneas
que están a punto de acontecer, ya que no me considero crítico
literario en modo alguno (aunque me gustaría serlo). Así
que como lector y también como colega suyo (también soy
escritor o, mejor dicho, pretendo serlo…), paso a explicarme:
Numen
divino es un libro sorprendente y, por momentos, desconcertante. No me
cabe la menor duda de que nunca había leído nada igual hasta
ahora. Como le he dicho anteriormente, no soy crítico literario,
por lo que tanto los comentarios en sí, como su cronología,
pueden resultarle un tanto anárquicos. Sigo…
Numen
divino tiene un lenguaje culto, muy cuidado y con buen gusto; eso salta
a la vista desde las primeras líneas. A veces creo que abusa usted
de ese dominio abrumador sobre el lenguaje y lo convierte en algo espeso,
menos comprensible, pero aún así, lo prefiero, frente al
lenguaje simplón y vulgar de más de un “best-seller”.
La
historia en sí es interesante. Fíjese si me lo parece, que
me “enganchó” su lectura, desde las primeras páginas.
Y es raro que eso ocurra, tratándose (según mi parecer)
más de un ensayo que de una novela. A mí los ensayos me
aburren, no consigo entrar en ellos; pero el Numen no, ya digo, captó
mi interés desde el primer momento y no decayó ese interés
hasta el final.
La
estructura de la obra es quizá una de las características
(si no la que más) a destacar, debido a su gran complejidad y a
los variados cambios de tercio (valga el símil taurino). Es cierto
que en más de una ocasión he perdido el hilo de la
historia y me he preguntado “¿esto, a qué viene?”
o “¿por donde voy?”, pero también es verdad
que rápidamente usted me ha mostrado de nuevo la “línea”
a seguir, para encontrarme de nuevo con la historia.
Volviendo
de nuevo al argumento del libro, hay dos partes o momentos que no me “cuadran”:
el (para mí) extenso relato de la representación teatral
y el empeño casi obsesivo de llegar a la gran ciudad ¿…..?.
Lo único que me han transmitido estos dos pasajes (que no he llegado
a comprender del todo), es que usted ha manejado a su antojo, en cada
momento, a los personajes. Tengo que decir, que con acierto, pero también
con cierto abuso de poder por su parte. Por si no ha caído en ello,
amigo Lemurmul, le recuerdo que usted mismo es un personaje de creación
ajena y que si no modera en parte su estilo y conducta literarios,
su creador (a quien conozco) puede tomar cartas en el asunto en su próximo
libro que, dicho sea de paso, espero y deseo vea la luz pronto.
Al
hilo de lo anterior, querido Poeta, ¿Por qué no escribe
usted algo más sencillo (que no quiere decir simple) la próxima
vez? Perdóneme el atrevimiento de esta sugerencia, pero ya ve que
estoy tratando de ser sincero en todo momento.
En
cualquier caso, escriba lo que escriba, le aseguro que pienso leerlo,
porque aunque el Numen no es mi tipo de lectura habitual (prefiero la
novelas de intriga y misterio, con el clásico “planteamiento,
nudo y desenlace”) también le digo que es un libro que, al
igual que otros clásicos o menos clásicos, hay que leer.
Sí, mi querido colega, ese podría ser mi comentario resumen:
Numen divino es un libro que hay que leer siempre… Porque, como
decía al principio: “No me cabe la menor duda de que
nunca había leído nada igual hasta ahora” y, estará
usted de acuerdo conmigo en que hay que leer de todo.
Con admiración y respeto,
Daniel Ángel Sánchez Ibáñez
(Dani)
RESEÑA
DE DANIEL ÁNGEL SÁNCHEZ
publicada
en 20.MINUTOS.ES
Numen
divino, de Luis Miguel Díaz, es un libro sorprendente, original,
donde la narrativa tiene un idilio literario con el verso y la prosa poética,
de principio a fin. Su autor hace gala de un lenguaje culto, muy cuidado
y con buen gusto. Es un libro cuyo argumento rivaliza en todas sus páginas
con su estructura literaria, con una carga emocional por momentos intensa,
aderezada con brotes de un fino humor, momentos de ternura y sutiles pinceladas
de nostalgia y amor. Recomiendo su lectura, a quien quiera salir por una
vez de los tópicos y típicos "Best-sellers".

MIGUEL
AVILA CABEZAS
(Profesor
de literatura en el INSTITUTO ESPAÑOL JUAN RAMON JIMENEZ de Casablanca)
Miguel
Avila es la voz autorizada que aconsejó al editor sacar a la
luz este "Numen Divino". Las siguientes palabras fueron escritas
expresamente para el acto de presentación que se
celebró en LA CASA DEL LIBRO, Madrid, el día 24
de Abril de 2.007, durante el cual se procedió a su lectura.
PALABRAS
PARA LUIS MIGUEL DIAZ
El de
escribir es, entre otros, un noble oficio. Y valiente. Y honesto
también. El verdadero escritor (sí, ese que
realiza su callada labor en "la soledad de su gabinete", como
diría el poeta, sin plegarse nunca a los envites de la
soberbia ni tampoco someterse a los cantos corales de
cofradías putrefactas), el escritor de sangre limpia, cuando
se apresta a la dura tarea de soltar lastre para que la nave de la
existencia no se hunda vencida ya por el peso de sus contradicciones,
sale de sí y acomete entonces la gran empresa de la palabra
que lo habrá de llevar a conocer el mundo, a desvelar la
verdad trágica de los seres que lo habitan, sumidos en la
esperanza y la desolación, en la alegría de los
impredecibles pronombres y en el dolor de las tristes guerras, en el
caos de su mundo apaleado y en la angustia que les produce el
vacío frente al infinito del universo, que está
dentro y fuera de él, que en él habita por
siempre. Así, el escritor, se funde en el todo, y en todos
se resuelve gracias al proceso de transformación que supone
la literatura, y es el escritor quien habla por obra y gracia de las
criaturas que alientan su voz incoercible, que piden, como la zapatera
de Lorca, salir a la escena, aquí, de los libros. Luis
Miguel Díaz nos ofrece hoy su primera obra, Numen divino, y
desde esta ciudad de los mil contrastes que es Casablanca, desde esta
ciudad que se resiste a ser amordazada por el miedo y la locura
suicida, yo quiero unir mi voz a la de todos los que en este momento lo
acompañan, a la de los que le han de acompañar
igualmente en el viaje alucinante de la lectura de una novela en la que
Luis Miguel, nuestro guía, partiendo de una cita de
Krishnamurti y hasta el poema final dedicado a Concepción,
nos conducirá, junto con el poeta Lemurmulcíber,
su alter ego (¿quién cuando escribe no lo hace
dirigiéndose a sí mismo en primer lugar?), con un
estilo fluido y elegante, no exento de ironía, al centro
esencial de la persona, del ser, en una historia, su intrahistoria, con
la que desde el mismo comienzo ya nos sentimos de lleno identificados
porque, si nos fijamos tan sólo un punto, refleja sin duda
nuestra propia historia, transida de luces y sombras, como digo.
Comprobamos de inmediato que en Numen Divino Luis Miguel
Díaz establece, según afirmara Sábato,
una interacción total entre "la conciencia y el mundo que es
peculiar de la existencia" y lo hace, añado yo, desde una
clara postura de compromiso vital con aquello que le es irrenunciable y
propio en su condición de novelista: restituir la palabra
verdadera a un mundo tan necesitado hoy en día de ella, un
mundo en el que la realidad está hundida en la miseria,
falseada por los mercachifles de la impostura. Gracias te doy, Luis
Miguel, por tu Numen divino y desde esta Adar al Baida en la que forjo
la aventura de los días, ya espero tu nueva obra,
absolutamente convencido de que nos habrá de sorprender con
idéntica fuerza y dignidad con que lo has hecho en esta
ocasión. Salud y libertad, buen amigo.
ANTONIO PEREZ HENARES
(Periodista
y escritor)
Lo que
sigue es la crítica extractada que sobre NUMEN DIVINO dio a
conocer Pérez Henares en el acto de presentación
(CASA DEL LIBRO, Madrid, 24 de Abril de 2.007).
Presentar
una novela puede tener sus peros, puede ser el típico
compromiso: "¿y luego qué dices?" He estado en
presentaciones de libros. En una famosísima que hubo en
Madrid, A… puso absolutamente a parir un libro de
J…, con gran estupor de toda la concurrencia. Claro que el
presentador es un tipo bastante serio y dijo lo que pensaba. Menos mal
que no es el caso. Esto no es de compromiso. Si el libro me hubiera
parecido un auténtico bodrio, le hubiera dicho a Luis Miguel
no te lo presento, pero, por fortuna, ni para el autor ni para el
presentador es el caso. Porque Luis Miguel escribe bien, a veces
escribe muy bien. A veces la verdad es que llega a mucho. Y es su
primera novela. Piensa uno que Luis Miguel, sin conocerlo excepto por
esta novela, ha escrito mucha poesía. Esto se nota. Estoy
convencido, no sólo por algunos poemas que aparecen en el
libro, sino porque todo el libro está transido por
algún impulso poético que continuamente se
desliza por entre los ríos que van subterráneos y
alrededor de la narración. Sus páginas
están impregnadas, y no es nada malo, de ese impulso. Pero
hay otra cosa: él describe muy bien. Describir no es
fácil, porque hay que hacerlo con premura de tiempo, con, yo
diría, economía de adjetivos. Y es donde se ve
que un buen descriptor sabe hacerlo con dos o tres pinceladas y situar
inmediatamente o presentarnos un personaje o una situación o
incluso una estancia. Eso lo sabe hacer muy bien, y no es
pequeña cosa… También es un
magnífico evocador de paisajes… El paisaje de San
Esteban del Valle (Avila)… Uno diría que ha sido
feliz allí, y eso se nota (en las novelas en realidad lo que
se descubre continuamente es el autor; los autores nos descubrimos
aunque no estemos en ninguno de los personajes o procuremos no estarlo;
nos autobiografiamos un poco, y aparecemos por ahí, por los
rincones). Hay una carga de felicidad añadida a ese paisaje,
se nota, nos transmite la felicidad de la tierra, recordando a Manu
Leguineche. A mí me ha gustado mucho la primera parte, me ha
llegado muy fuertemente. Muy buena la escalera de vecinos, un mundo,
bastante más trabado y rico en matices que en las series de
televisión a las que estamos acostumbrados. En esas series
todos son estereotipos, no aparece ninguna hondura, son caricaturas.
Nadie tiene vecinos así, serían insoportables. Y
en toda esa escalera hay unos matices increíbles. Pero hay
algo que me ha sorprendido: normalmente los escritores solemos
vengarnos de alguien (te vas a enterar, te voy a hacer un
retrato…). Hay algo hermoso en Luis Miguel: tiene
compasión de todos. Eso dice mucho de un autor y dice mucho
de un ser humano. La fórmula narrativa de la primera parte
permite vislumbrar muchas cosas. A mí me gusta cuando no
descubre del todo a los personajes, cuando te permite
imaginártelos un poco más allá. Otra
parte que también me ha gustado mucho: sus
compañeros de clase. Todos hemos tenido esos
compañeros, son muy generales para todos nosotros y
están muy bien traídos, pero no son caricaturas.
Otra cosa que me ha sorprendido, para ser un novelista primerizo, es la
fluidez con la que traba los diálogos. El diálogo
es muy importante en la novela y es muy difícil de hacer. Y
realmente creo que los consigue bien, son fluídos, son
naturales, no están forzados, no echa esas parrafadas
imposibles características de las novelas malas o de
culebrón. La gente que habla en la novela de Luis Miguel
habla de verdad, habla desde su personaje, habla
creíblemente, aunque el personaje sea fantástico.
En toda la segunda parte, en lo que es seguramente para él
lo mejor y donde ha hecho un ejercicio literario más
importante y trascendental, es donde debo reconocer que me he perdido
un poco; lo digo con toda honradez (les he dicho antes que si hubiera
considerado que la novela era mala no la habría presentado;
les he dicho que es una novela que está bien escrita, a
veces muy bien escrita). En la segunda parte de pronto descubro que no
sólo tiene alma de poeta sino también de autor de
teatro. Toda esa segunda parte es más que otra cosa una
representación teatral, personajes en un teatrillo. Mientras
los personajes de toda esa primera parte son casi corpóreos,
es muy difícil tocarles la carne a los personajes un poco
más teatrales de la segunda, personajes que tienen
muchísima mayor carga filosófica, que tienen
muchísimo mayor recorrido intelectual, pero que a mi juicio
carecen un poco más de corporeidad. Es como si
flotaran… Creo, y coincido con Miguel Avila, que para ser
una primera novela es una hermosa y gran novela. He descubierto en esta
novela que hay un narrador, un novelista. NUMEN DIVINO es el inicio de
un novelista que lo ha iniciado muy bien y que posiblemente nos
sorprenda con una segunda novela donde logre conjugar esos tres
elementos: de poesía, teatro y realismo mágico,
ese toque de realismo mágico que es una de las esencias
más importantes no ya de la literatura sudamericana sino del
conjunto de la literatura de habla hispana, esa capacidad de mezclar lo
mágico con lo real. En algún momento este libro
me ha recordado a esa hermosísima novela de
Sánchez Ferlosio que se llama ALFANHUI. He notado en esta
novela una enorme capacidad de compasión sobre todo lo que
le rodea, que hace que a uno el novelista le sea más
cercano. Ese es el mayor piropo que dedico personalmente a la novela.
GONZALO
PRADOS MUÑOZ
(Sociólogo)
La
novela "Numen Divino" de Luis Miguel Díaz se divide en dos
partes bien diferenciadas, la primera, verdadero ejercicio de
evocación de la infancia, nos traslada al mundo misterioso y
fascinante de Pedro, su protagonista. Con él recorreremos el
entorno físico y humano que todo niño ha de
descubrir/sufrir por sí mismo y nos traslada de su mano por
territorios comunes por casi todos vividos en mayor o menor medida,
poblado de miedos, alegrías y misterios (también
con sus miserias). Pedro interpreta desde la perspectiva que otorga la
memoria el significado de las cosas y trata de dar un sentido a
cómo las vivió entonces desde la
reflexión adulta, casi nunca coincidentes como se sabe. Su
entorno más inmediato y familiar, sus padres, hermanos, la
casa donde vive y juega con la poderosa imaginación aparecen
bajo la visión más cordial e idolatrada, sin
duda, de sus recuerdos (pura y sublime felicidad de niño);
asimismo, el vecindario y sus moradores, tan variopintos y diferentes,
facilitará al niño Pedro el encuentro con la
diversidad humana, con el dolor y la injusticia, que le
permitirán así percibir los primeros
tabúes o lo que de misterioso puede haber en un bloque de
pisos más allá de la zona habitual de juegos, o
imaginar en qué extrañas lindezas se entretiene
un molesto vecino, de hermética conducta e insoportablemente
ruidoso. Es en ese crisol de misterios y sentimientos que
experimentará Pedro donde se horneará su
carácter y donde tomarán importancia conceptos
tales como la lealtad, la amistad o la muerte, donde en definitiva se
proyectará su futuro. (El niño como cuerpo
absoluto y único instrumento o medio, por su virginidad y
pureza, de alcanzar la deidad inherente al ser humano: numen divino). En la segunda parte de la historia nos encontramos
al supuesto autor de la narración encarnado en protagonista
y saliendo al encuentro del resto de personajes que habiendo
él mismo creado, siente como hijos a los que no quisiera
atar sino dejar a su albedrío, pero, por el contrario, a los
que intentará manipular llevándoselos en una
"simbólica" excursión hacia unas cumbres donde
hallar el reconocimiento como poeta, donde habita la supuesta fama (no
conseguirá tal cosa al final de la historia, sino que
despeñado no conocerá fama alguna, vanidad de
vanidades). Se enfrentan Pedro y su hacedor, quizás un alter
ego de aquel, ambos complementarios y necesitados, solo en parte, uno
del otro. Como descubriremos, curiosamente será Pedro el
único que acompañe al poeta hacia las cumbres,
aunque finalmente no alcance la meta; los demás personajes,
posiblemente por esa libertad que se les dio y por la idiosincrasia de
personalidades, se irán diluyendo y alejando por diferentes
motivos.Toma
especial fuerza en esta segunda parte de la novela el pícaro
Fabián Velasco, personaje curioso, pertinaz y curtido por la
vida, antagonista de Pedro (hay una rivalidad visceral entre el
intrépido y descollante pícaro y el cada vez
más pusilánime Pedro). Mientras Pedro se
cuestiona y regodea en el unamuniano sentimiento trágico de
la vida, con el volver a encontrar en estado de pureza su numen divino
que halló de niño, el pícaro
Fabián se limita a vivir o malvivir para algunos (carpe diem
frente al estéril discernimiento teleológico). El
pícaro yerra pero sobrevive, Pedro contempla la vida desde
la barrera, extasiado por el recuerdo infantil de su numen divino,
recuerdo que más que facilitar debilitará su
futuro. Resaltan
en la primera parte algunos párrafos descriptivos
especialmente bien construidos y ricos en sensaciones para el lector. En cuanto a la segunda parte, especial
mención merece dentro de la narración, por el
gradual desarrollo de la tensión narrativa y la brillante
exposición de los diálogos, la escena que tiene
lugar en el café "Sal si puedes" donde el pícaro
Fabián Velasco, convertido en protagonista absoluto, nos
narra, a su manera, lo acontecido a Tadeo, Helena y a él
mismo. Asimismo, resulta especialmente tierno, cálido y
emotivo el capítulo dedicado a doña Aurora. Recomiendo la lectura de este "Numen Divino" que,
sin duda, agradará al niño que todos llevamos
dentro e interesará, por original, la mezcolanza de
personajes, planos situacionales e historias que encierra.
Gonzalo
Prados -El Molar (Madrid), 9 de abril de 2007-

FELIX
PAREDES MONTEALEGRE
(Pedagogo
y concejal del Ayuntamiento
de
San Esteban
del Valle -Avila-)
SOBRE
"NUMEN DIVINO"
Esta
confesión personal llena de retazos y compendio literario:
epistolar, narrativa, descriptiva, novelada y teatral-drama y vida,
tiene en su mayor parte como escenario la belleza de un
rincón único en el mundo: EL BARRANCO DE LAS
CINCO VILLAS, y como epicentro "SAN ESTEBAN DEL VALLE". En lo que me
atañe como representación popular, me siento
personalizado y agradecido… En el gran sentido
ético y moralista que este ensayo va emitiendo
página tras página, me gustaría
sintetizar en estas palabras: "Hijo, despierta, que la
mañana pronto izará su fuego sobre la cima". Y
porque "El Señor sabe que Luis Miguel Díaz tiene
alma de poeta", yo también añado que, sin
conocerlo, sé que de hombre-poeta y en el mejor sentido de
la palabra "BUENO". Gracias
por tu aportación al bien de esta villa.
San
Esteban del Valle, 8 de abril de 2007
BREVES
RESEÑAS O COMENTARIOS RECIBIDOS SOBRE "NUMEN DIVINO"
CONCEPCION
HERNANDEZ PUERTA:
No es un libro de lectura rápida -no llegará a best seller-,
pero te hace pensar. Es complejo, profundo, de alta calidad literaria.
Para amantes de la buena literatura. El autor, Luis Miguel Díaz,
ha escrito una novela ambiciosa y sorprendente. Con un estilo que algunos
han catalogado entre cervantino y quevediano: sin duda elegante. Y además
muy completa. Un caleidoscopio literario: hay epístola, ensayo,
teatro, poesía. Imprescindible.
LOURDES
DIAZ GONZALEZ:
Libro de agradable lectura. La segunda parte es muy interesante pero más
complicada de entender. Para mi un libro imprescindible de un estilo impecable
y que me lleva a la infancia, que en esta dura etapa adulta tanto echo
de menos. Creo que todo el mundo lo debería leer.
ZURIÑE
ALONSO (Lcda. Historia del Arte):
La primera parte es de fácil lectura, amena. Te engancha. La segunda
ya es algo mas densa, se nota mucho tu personalidad, me ha gustado mucho
el capitulo de la critica, cuando el poeta defiende la forma de escribir
el Numen, ya que se ve que eres plenamente tú. Me ha gustado, me
ha costado un poco leer la segunda parte, pero te abres al lector; y eso
es muy dificil verlo.
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